La colombiana se graba en el cuarto con casi nada puesto: una tanguita y unas pulseritas rojas en la muñeca. Se recuesta en la cama, se acomoda el pelo y se deja hacer. Al lado apenas se ve a otro, un brazo, una mano que la recorre completa, de arriba para abajo, sin afán. Ella cierra los ojos y la respiración se le va volviendo más rápida.
No hay montaje ni luces raras, graba como vive, con la cobija hecha un desastre y la ropa por el suelo. Se muerde el labio, mueve las caderas sola y a veces suelta una risa nerviosa. El video corta cuando todavía la están tocando y a ninguno de los dos le importa la cámara.
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